Sociedad que se duerme, es cartera.
Hola gente! Como verán me tome un descanso desde mi última publicación. Pasaron algunas cosas pero también no pasaba nada. Me explico, tanto a nivel país como a nivel mundial pasaron cientos de cosas (sin repetir y sin soplar se me ocurren así nada mas el secuestro de Maduro por parte de Trump, el conflicto por Groenlandia, la salida del titular del INDEC en Argentina.... y la media sanción de la reforma laboral).
La cuestión era simplemente que estaba (y creo seguir estando aun) en un estado de desconexión. Llegadas las vacaciones de la universidad sentí ese alivio de ya no tener que andar corriendo tras los apuntes y me atrapo esa ansiedad por "pasarme todo el día viendo series y jugando videojuegos". Luego, mientras ya estaba de vacaciones en la universidad llegaron mis ansiadas vacaciones laborales.
Gracias a que tengo una amiga en Uruguay pude, en enero, escaparme una semanita para allá, y ahí si, descolgué totalmente. Podría usar la expresión "se me apago el modem" porque en los 6 días que estuve en Uruguay no mire nada de lo que pasaba en Argentina o en el mundo.
Estas ganas de "olvidarme de todo y estar desconectada del mundo" la seguía teniendo aun cuando regrese de Uruguay y retome mi actividad laboral. No quería ver noticias, no quería saber. Por una cuestión de inercia escuchaba de fondo el programa de Julia Mengolini, Segurola y Habana (uno de mis programas favoritos), pero no más que eso.
De a poco ya voy entrando en clima y con resignación, volviendo al ruedo, en una semana rindo un final y debo sentarme a estudiar... y no tengo ganas!!!
Todo esto me llevó a hacerme algunas preguntas del tipo ¿ Cuán necesario es para la salud mental de uno descolgar un poco? ¿Cuán importantes son las vacaciones para un laburante? Quiero decir, si, ya se que son ultra importantes, me refiero a que cuando estás total y absolutamente quemada/o del laburo es que te das cuenta de que REALMENTE NECESITAS vacaciones. No importa si no tenés plata para viajar, con poder dormir hasta las 11 de la mañana sabiendo que ese maldito despertador no va a sonar, con saber que mañana tenés libre, que pasado mañana tenés libre y al día siguiente, parece que entra un aire nuevo a nuestro ser, una renovación de expectativas, un sentimiento de "felicidad" de no verte obligado de ir a un lugar en donde la gran mayoría si pudiera, no iría.
Incluso pensaba en mis compañeros que lamentablemente se quedaban ahí laburando, me sentía como una privilegiada (y ni hablar cuando pienso en aquellas personas que no están registradas debidamente, aquellos que trabajan "en negro" o aquellos que laburan para aplicaciones como Didi o Rappi. Por lo menos eso me paso a mi, supongo que no seré la única con esa "culpa".
Imagino que ya saben entonces de qué va esta entrada. Bueno, si estas pensando en la reforma laboral, adivinaste, pero también va de algo más. Una pregunta me surgió en estos días de "cuelgue". ¿Hasta qué punto es realmente bueno desconectarse de todo? Todos los excesos son malos, ya lo decía Aristóteles en su "Teoría del justo medio". Pienso que a veces es necesario "apagar el modem" y darle un descanso a nuestra psique, pero cuando comencé a analizar las cosas que estuvieron pasando en mi "ausencia" sentí algo como "todo esto estaba pasando y yo ni enterada!" Me pregunté a mi misma ¿Qué pasaría si la población mantuviera el modem totalmente apagado de forma permanente? Definitivamente, no podemos darnos ese gusto. No en Argentina, un país en que si decidís irte de vacaciones cinco días al monte sin wifi, quizá al regresar te desayunas que el puerto de Ushuaia fue cedido a Estados Unidos o que ya no vas a tener horas extra porque tu jefe dispone ahora de un banco de horas. No, no podemos vivir descolgados, desconectados. La realidad y los acontecimientos avanzan con demasiada prontitud y es necesario que estemos más alertas que nunca.
Creo que la media sanción de la reforma laboral, de cierta forma se está dando porque la gente está de algún modo "desconectada" o por lo menos, una gran mayoría. La idea de la antipolítica no es más que eso. En el fondo quien promulga el discurso de la antipolítica te está diciendo que te desconectes, que "al pedo meterse en política" "te haces mala sangre" y bueno, quizá en esto último hay algo de verdad.
Entonces resulta que mirar reels de gatitos mimosos o perros que salvan bebes en incendios es mucho más placentero y satisfactorio que pararse a pensar en si los informes de inflación del INDEC se ajustan a nuestra realidad o si la baja de la imputabilidad va realmente a generar un descenso de la inseguridad, o incluso en contrastar los postulados y principios rectores la reforma laboral con nuestra realidad laboral actual o la de nuestro círculo cercano. Claro, quien quiere amargarse analizando si nos van a pagar horas extras o nos van a poner un banco de horas o si nos van a pagar con dinero o tikets canasta cuando podemos simplemente llegar a casa muertos de cansancio, bañarnos, comer y ver una buena serie en Netflix.
Es tentador, no lo niego, pero si algo se, es que desentenderse de la política nunca es bueno para una población.
Como dijo Platón en La República:
"El castigo de los hombres buenos que no deciden ocuparse de los asuntos públicos es ser gobernados por hombres malvados."
Tomate un descanso si lo necesitas, pero cuando sientas que recargaste la batería de tu cerebro es imperativo que vuelvas con los pies sobre la tierra para defender lo que es nuestro.
No sea cosa que una noche te vayas a dormir y al otro día despiertes con la novedad de que tu jefe quiere que las vacaciones te las tomes en junio, y resulta que puede obligarte a tomarte las vacaciones en junio y digas "pero la pucha, ¿Cómo llegamos a esto?".

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